Siro había perdido la noción del tiempo que había transcurrido encerrado en aquella masmorra. ¿Días? ¿Semanas quizás? Había caminado largos trechos intentando llegar a los límites del lugar donde había quedado prisionero. ¡Nada! La masmorra parecía infinita desde cualquier punto de vista. Después de mucho tiempo prefirió sentarse y meditar. Era extraña la situación... no sentía hambre ni frío, físicamente parecía estar en perfectas condiciones.
La tranquilidad que experimentaba su antes convulsionado yo lo abrumaba en parte, aunque también lo llenaba de paz y júbilo. ¡Estaba solo, no había nadie más! Los susurros, consejos, pensamientos aislados que durante tantos años lo habían atormentado, aconsejado, invadiendo su privacidad, sus pensamientos más profundos e íntimos, ya no estaban. Si no hubiese estado en una especie de prisión, encerrado en una oscura masmorra sin límites, ventanas y paredes, si no temiese por el destino de sus amigos, en cuya compañía viajaba aquél ser perverso, éste sería un momento realmente hermoso.
Cerró los ojos por enésima vez. ¡Ah! si pudiese visualizar a sus amigos... al menos así tendría acceso a sus sueños, podría comunicarse, avisarles del peligro... incluso sacrificar su yo carnal era una opción válida en ese momento. Siro se permitió una sonrisa... era una buena persona, sin duda, con una inmensa capacidad de sacrificio, pero sin la enseñanza de los Ladro dei Sogni, sin su conocimiento espiritual y su desapego a lo físico, jamás habría contemplado tan naturalmente esa posibilidad. Algo positivo había quedado de su experiencia con aquellos malditos sacerdotes.
- Bueno, debo ser sincero, por algunos pocos tipos retorcidos no puedo condenarlos a todos al averno... Giovanna es un buen ejemplo de lo que hablo.
Giovanna... recordó con cariño a su mentora. Sus cabellos ligeramente grises denostaban el paso del tiempo en su cuidado cuerpo y sus bellas facciones. Pálida, ojos oscuros y brillantes, nunca fue demasiado alta, aunque siempre parecía observar desde lo alto de una pedestal, severa e implacable, mientras alzaba su voz melodiosa en un cantar colérico y punzante. E infelizmente las pocas ocasiones donde esto ocurría, Siro era el blanco preferido de su enojo. Justificado, casi todas las veces, pues el joven tenía una capacidad impresionante de meterse en problemas. O de olvidar el esfuerzo de aprendisaje de toda una mañana.
- "¿Y por qué? Por andar preocupado de otras cosas". - Siro siempre había imitado con una pasmosa habilidad de voz de su mentora - "Desde que llegó esa chiquilla Leonor te has vuelto flojo y descuidado. Tienes pajaritos en tu cerebro, te distraes pensando bien-sabes-tú-qué y no eres capaz de ver lo evidente..." - Siro suspiró profundamente, la extrañaba y mucho, pero comprendía que no era buena señal el que estuviese hablando consigo mismo imitando voces de otras personas. Debía calmarse y esperar... esperar.
Entonces escuchó un ruido lejano, semejante al retumbar de una puerta que se abre. Un brillo tenue surgió desde su siniestra, a la par de pasos que se iban acercando más y más. Siro se levantó sorprendido. ¿Su mente le estaba jugando crueles bromas, azuzada por la soledad y el encierro? Instintivamente movió su brazo derecho hacia su costado, extrayendo su cimitarra. Se sorprendió considerablemente al darse cuenta de lo que había hecho. Estaba seguro que, cuando fue separada su imagen espiritual, no traía ninguna arma consigo.
Los pasos se detuvieron cerca de él a la vez que un rostro familiar se dibujó en la ligera luminosidad del lugar:
- No debieras sorprenderte tanto pequeño... al fin y al cabo, tú tienes al igual que yo la habilidad de tejer en los hilos de los sueños y transportar por el sagrado velo lo material a lo espiritual y vice-versa.
- ¡Giovanna!
La alegría fue inconmensurable para Siro... por unos momentos aún creyó en los juegos de la mente y en las ilusiones de un hombre enloqueciendo, pero esa sonrisa irónica... ese cabello enteramente grisáceo, ese tono de voz acogedor y autoritario a la vez... no cabía duda, era ella. Obviando todas las barreras que su adiestramiento había implantado profundamente en su ser, Siro dejó caer la cimitarra, dió un par de largos pasos, y casi corriendo abrazó fuertemente a su mentora, a su Giovanna, a la mujer que representó durante muchos años en su juventud la imagen de padre y madre.
Después de recuperar el aliento, gentilmente Giovanna se separó de Siro con su cabello revuelto y el cejo adusto, dejando entrever su emoción mediante una tenue sonrisa:
- ¡Uf! Parece que me has extrañado bastante pequeño... no me apretujabas tanto desde que te regalé ese disfraz de caballero andante cuando viajamos a la feria del pueblo. ¿Recuerdas lo contento que estabas, pues te parecías tanto a tu padre?
Siro estiró su mano y palpó el rostro de Giovanna, mientras ella lo escudriñaba a través de sus atentos ojos... una mirada de comprensión nació de ella, mientras tomaba sus mano y las apretaba fuerte contra su pecho:
- No soy un producto de tus pensamientos, pequeño Siro. El hecho que puedas palpar mi yo onírico es una prueba fehaciente de ello. Verás, en el mundo onírico los pensamientos pueden hacerse realidad... pero la realidad en este mundo es lo contrario al plano físico, es lo etéreo, lo insustancial, por lo que si mi persona fuese producto de tu imaginación no podrías palparme... me atravesarías como en una imagen. ¿Comprendes la paradoja? Me puedes palpar, puedes sentir mi cercanía... eso significa que ambos estamos en el mismo plano, que nuestros yo oníricos están efectivamente en este lugar, que vine a buscarte pequeño, y que feliz veo que estás aún intacto...
Siro comprendió la naturaleza de su miedo anterior y se sorprendió de lo sutiles que pueden actuar los hilos de la mente humana:
- ¿Estaba perdiendo mi cordura, Giovanna?
- Así es pequeño. No hoy, no mañana, pero estabas próximo a iniciar el deterioro, lo veo por tus acciones, por tus palabras, por tu mirada.
Un profundo suspiro surgió del pecho de Siro. Entonces quiso contarle todo a Giovanna, todo lo que había experimentado y vivido desde que abandonó el Santuario, desde que inició su camino llevando en sus hombros el peso de la misión enconmendada por los Anzianos... Su viaje hasta el bosque de Argosta, su encuentro con Finmirë, la persecución de la caravana. Le contó acerca de los compañeros de travesía que conoció en su periplo, de Aryën y del amuleto élfico que portaba en su muñeca. Explicó con detalles todo lo que había sentido cuando tomó la decisión de romper el báculo de los Ladro dei Sogni, el ulterior sacrificio de Zahir, el atribulado viaje a Cébira.
Giovanna lo observaba atentamente y asentía cada vez que Siro buscaba su mirada quizás por aprobación, o simplemente para asegurarse que seguía el relato. Con la mente despierta, Siro fue capaz de reconstruir la serie de acontecimientos que lo llevaron a estar encerrado en esa masmorra sombría. El debilitamiento de sus creencias en la cercanía del lago, el tótem silencioso que se alzaba en el claro, el encuentro con quién el pensaba se trataba de Seldar, patrono de los Ladro del Sogni. El engaño que había sufrido al efectuar una promesa impulsado por Salvatore, aquél antepasado que había finalmente revelado su maldad y absoluto desdén a los ideales de la orden, que había utilizado su conocimiento y habilidades en pos de la gloria personal, que había vendido su alma y estado a punto de subyugar completamente la voluntad de Siro.
La cantidad de acontecimientos que había experimentado su pequeño no dejó de sorprender a Giovanna, a la par que iba asimilando lo que Siro le iba contando. La rutura del báculo no era una buena noticia y de seguro Siro lo sabía. ¿Estaba esperando una decisión de parte de ella?
Finalmente Siro contó en detalle su encuentro con Eärendil, el elixir que había ingerido en aquella noche, la separación de voluntades que había desencadenado el fin de Salvatore y la desconexión con lo último que lo ataba a los Ladro del Sogni, del cómo había recuperado su individualidad para luego perder su yo físico ante la aparición del falso Seldar, aquél ser que se había apropiado de su corporalidad y que lo había confinado en aquella masmorra lejana.
Giovanna permanecía quieta, meditando y asimilando cada uno de estos acontecimientos que se le describían. Escuchó algunas de sus voces interiores, horrorizadas por las acciones de su discípulo, exigiendo lisa y llanamente su sacrificio ritual como lo exigía la antigua ley. Eso sí, había otras voces minoritarias, que mencionaban otras verdades, otros horizontes que se vislumbraron y predijeron en los trances oníricos, otros posibles destinos donde las acciones del joven Ventimiglia adquirían un significado místico, casi profético a raíz de las visiones de los Anzianos.
¿Mi Siro, un instrumento del equilibrio?
Levantando los brazos Giovanna cerró los ojos y empezó a recitar antiguos salmos. Siro se arrodilló ante ella, entregado concientemente a su suerte. Por algunos instantes dudó de lo que iba a hacer su antigua mentora, pero optó por confiar en ella.
- A veces debemos confiar en nuestros instintos... - mencionó el joven.
Giovanna no detuvo su salmo aunque pareció estremecerse ante la afirmación del joven. Luego abrió sus ojos, extendió su brazo hacia Siro, y dijo:
- Has cometido el mayor de los desacatos a la Orden de los Ladro dei Sogni. Has destruido el báculo, símbolo y canalizador del poder espiritual que nos alimenta. El Talmud de los Sueños es claro al respecto. La muerte es el único camino para quienes traicionan a los Ladro dei Sogni e insultan el nombre de Seldar, nuestro patrono y protector...
Una gota de sudor cruzó la frente de Siro:
- Sin embargo nuestros antepasados nos han dicho en su inmensa sabiduría: la peor muerte para un Ladro dei Sogni es ser alejado de sus pares. Pues desde ya os digo que yo, Giovanna de Vironne, considero que el Talmud de los Sueños no debe ser interpretado de forma literal, que su significado debe ser el que cada Guardián Arcano dictamine, por cual he decidido excomulgarte de la orden, liberarte de tus promesas y ataduras al igual que nosotros nos liberamos de las nuestras, y que deambules por los planos sin la bendición y protección de Seldar, nuestro patrono, pues así ha sido vuestro deseo expresado en vuestra decisión. El Santuario ha cerrado sus puertas para ti.
El alivio recorrió cada centímetro del joven Ventimiglia. ¡Lo había perdonado! Siro tenía absoluta certeza que Giovanna, aún a su pesar y sintiendo el sollozo del puñal clavado en su corazón, no habría dudado de ejecutar de forma literal lo escrito en el Talmud de los Sueños. Su rango de Guardiana Arcana la obligaba. Pero no lo había hecho... ¿de verdad creía en la inmensa sabiduría de los antepasados? ¿O había hecho su elección y lo había elegido a él, por simple y puro cariño? Quería pensar que era esto último.
Siro se levantó sonriente y preguntó, mirando hacia el brillo tenue hacia la espalda de Giovanna:
- ¿Y ahora qué?
Giovanna relajó su rostro, juntó sus manos al interior de la túnica, y respondió:
- Lo que tú elijas hacer chiquillo, lo que tú elijas...
miércoles 7 de enero de 2009
Giovanna
Escribió: Seratti a las 10:29 AM 6 comentarios
Etiquetas: Siro
martes 9 de diciembre de 2008
Tormenta
Atrás quedaban los ecos de las risas desatadas ante la broma de Morat. El camino se extendía ante ellos, arena, arena hasta donde sus ojos alcanzarán a mirar (y la sangre éfica sí que alcanzaban a ver mucho) y el sol sobre sus cabezas. La idea en un principio había sido marchar bordeando el desierto, pero de alguna extraña manera se alejaron más y más del camino trazado, si bien a los lejos se podían observar las orgullosas cumbres del Kum-Kum, las arenas los envolvían, los iban tragando.
Sin duda a algunos que estaban más acostumbrados a relacionarse con la naturaleza se les estaba complicando la travesía, la sensación de que la arena que se agitaba no era algo natural comenzaba a crecer en la mente de Eärendil.
-No vamos por buen camino - Morat sacó la voz a la vez que descendía del caballo - miren - señaló hacía la dirección que debían seguir- estoy casi seguro que hasta una hora atrás ibamos bien encáminados pero nos hemos desviados por lo menos unas tres horas de nuestro objetivo
Todos descendieron de sus monturas y se procuraron un poco de sombra a costa de ellas
- Los animales están cansados, sedientos, no fue una buena idea, no lo fue - Silmar se notaba realmente apesadumbrada, más pálida de lo habitual- y yo... no me siento bien, estamos siendo atraídos al desierto, es buena idea continuar?...cada vez que nos alejamos de la ruta... algo tira de mí, siento como lentamente la sangre comienza a borbotear en mis venas, y no se si eso sea bueno para nosotros o no
Aryën se acercó a ella con la intención de poner una mano sobre su frente
- No...- Silmar se apartó de ella sin dejar que la tocase- tú menos que nadie debería acercarse a mí
- Pero ¿por qué?, quiero ver cómo estás... has estado callada mucho tiempo, anoche no dormiste, no has descansado como se debe - el semblante de Aryën se entristeció - qué es lo que sucede?
Eärendil que discutía con los demás sobre la forma de proceder, puso atención a la conversación y sin previo aviso puso su mano sobre la frente de Silmar. Eärendil la miró a los ojos con asombro
-Muchacha.... estás ardiendo!!!, cómo has podido permanecer sobre el caballo en estas condiciones?, y cómo ninguno de ustedes lo notó?
Morat, Hotgar y Aryën se dieron una mirada complice, Silmar apartó la mano de Eärendil delicadamente
-Señora, no es por la temperatura por lo que no me siento bien, esto.. suele pasar a veces, ellos saben el porqué, es una especie de aviso.. confieso en que debí haberlo mencionado antes, pero no estaba segura, por eso ...cada vez que nos adentramos más en las arenas se siente peor,.
- Pero no podemos seguir el camino original, nos están esperando - continuó Aryën
Hotgar bufó
- Destesto ser manipulado, pero a todas luces nos obligan a meternos en este mar de arena
Ni bien acabada de decir la frase cuando el viento comenzó levantarse a una corta distancia sobre ellos, el azoté del viento empujaba los granos minusculos picando la piel, la tormenta se les venía encima, tenían pocas posibilidades de escapar de ella, era una algo con vida, con voluntad, y los estaba cazando a ellos.
-Todos a cubierto!!! traten de no separarse!!!
Los animales se asustaron, salieron en todas direcciones, era una tarea titanica deternerlos por las riendas, el cielo se escureció, el viento reía, los que alcanzaron se echaron a tierra y se cubrieron, algún afortunado se refugio contra una roca.
Escribió: Eödriel a las 10:15 AM 4 comentarios
Etiquetas: Silmar
viernes 14 de noviembre de 2008
Bordeando Pártena.
- No quisiera decir que te lo dije, pero te lo dije: los elfos no son de fiar. Ya sabía yo que algo ocultaba esa "se-ño-ra". Puede que los enanos a veces seamos un poco lentos, pero no tontos. ¡No señor!
Escribió: El Arcano a las 11:38 PM 4 comentarios
Etiquetas: Hotgar
